¿Cómo se puede dejar de mirar algo, que nos atrae obsesivamente, que hace despertar nuestros anhelos y que nos proporciona cotas de placer inimaginables?. No podemos, al menos yo no pude. Así me sentí la primera vez que lo vi. Fue casualidad, no llevaba ninguna intención cuando atravesé las amplia verja del edificio en obras y me encaminé, sin que nadie entorpeciera mi avance, hasta la última planta, donde teóricamente no debería haber nadie trabajando a esas horas, para recoger unas cosas que me había dejado allí esa misma mañana, cuando estuve visitando el que sería mi futuro apartamento.
Para que nadie me viera, me vestí de oscuro, con un chandal negro y unas deportivas que no hacían ruido al pisar los escombros que había esparcidos por toda la superficie. Discretamente me deslicé hacia las escaleras traseras, y con sumo cuidado comencé a subir hasta llegar a la última planta. Al no estar acabada, era una enorme habitación sin paredes, con grandes pilares que soportaban el peso del techo.
Al instante observé en la distancia mi maletín, y sin más preámbulos y con una gran sensación de alivio, me dirigí prestamente a recuperarlo. Pero cuando no había dado más que un par de pasos, escuché un breve susurro que me hizo parar en seco. M

iré a mi alrededor para descubrir la fuente de ese ligero ruido, y cuando lo vi, me quedé paralizada. En el centro de la gran estancia, sobre un colchón deteriorado que había visto mejores momentos, estaba él, completamente dormido... y totalmente desnudo.
No tenía ni idea de quién era, lo único que sabía era que no podía apartar mi mirada de su increible cuerpo. Parecía que sus músculos habían sido modelados por un artista, con anchos hombros y amplios pectorales, apenas cubiertos de vello, que acababan en una fina cintura y unas largas y musculosas piernas. Se movió en sueños, hasta colocarse boca arriba, y rápidamente me escondí detrás de una columna, con el corazón desbocado ante la posibilidad de que me viera allí, observándolo mientras dormía. Pero no pude dejar de mirar....
En ese momento, y ante mi atónita mirada, observé cómo su pene empezaba a cobrar vida mientras el resto de su cuerpo seguía dormido. Se me secó la garganta y comencé a hiperventilar ante el espectáculo que se me ofrecía. Y más aún cuando vi cómo estiraba su cuerpo y con un movimiento fluido y ligero, agarraba su miembro para acariciarlo con delicadeza a la vez que emitía un ligero gemido. Su lengua asomó entre sus labios dejándolos mojados de saliva, mientras su mano comenzaba a agitarse sobre su pene, abriendo ligeramente las piernas para incrementar el placer, mientras con la otra mano comenzó a acariciarse el pecho. Uummm, empecé a humedecer mi ropa sólo con verl

o disfrutar...
De repente empecé a sudar. La fina sudadera que me había puesto empezaba a molestarme y bajé la cremallera para poder respirar, dejando a la vista el sujetador de encaje que me había puesto. Mientras, él seguía acariciándose con suavidad, subiendo y bajando la mano por su miembro, acelerando su respiración conforme iba aumentando el ritmo de su deseo.
No podía apartar los ojos de su cuerpo, y sin darme cuenta, me encontré dando un tirón a mi sujetador para poder alcanzar mis pechos, que clamaban a gritos un poco de atención. Mientras mis ojos seguían el movimiento de su mano, comencé a pellizcar mis pezones, con ansiedad, masajeándolos con premura para aliviar la tensión que comenzaba a invadir mi cuerpo. Su mano no cesaba de subir y bajar, su boca se abría intentando respirar.... y, en el éxtasis del momento, metí la otra mano bajo el pantalón y la ropa interior, hasta tocar la humedad que bañaba mi sexo. Introduje un dedo en mi cuerpo, y el aire escapó de golpe de mis pulmones cuando el placer se extendió por cada poro de mi piel. Me lamí los labios, que se habían quedado secos por la agitación que me embargaba, mientras con la otra mano seguí acariciando mis pechos con una ansiedad desconocida.
Pero mis ojos seguían sin apartarse de su mano, esa mano que estaba provocando su propio placer con movimientos cada vez más rápidos, pero que yo estaba sintiendo por todo mi cuerpo como si realmente

me estuviera tocando.
Perdí la noción del tiempo a la vez que el calor se extendía por todo mi cuerpo, tocándome con desesperación para alcanzar la cumbre del placer, cada vez más rápido. El ambiente empezó a cargarse con el olor a sexo y a excitación, inflamando mis deseos, acercándome cada vez más al borde del precipicio. Hasta que, arqueando la espalda y emitiendo un grito que erizó mi ya acalorada piel, se derramó con una violencia desmedida sobre su misma mano, provocando mi propio orgasmo desgarrador y haciendo escapar un gemido profundo y liberador de mis labios.
Cuando pude recuperar el aliento y mirarlo a los ojos, me encontré con su mirada y una sonrisa de entendimiento que
me hizo sospechar que nada de aquello había sido accidental. Salí corriendo de allí, olvidándome por completo de lo que había ido a buscar....
Aportación de Cythera